Destino: Woodstock (Taking Woodstock) – 2009


Muchos pensarán que Destino: Woodstock es otra película que ensalza los años sesenta, las drogas y el sexo, tal y como se hace siempre que se habla del Festival de Woodstock. Aquí Ang Lee nos regala un filme lleno de ironía y a la vez realista, sin entrar a hacer juicios morales de nada. Tan sólo nos muestra a un joven diseñador que debe volver, para su desgracia, al motel de sus padres en el campo. Para liquidar las deudas de sus padres (el banco les quiere quitar el motel El Monaco por no pagar la hipoteca), decide pedir permiso para organizar un festival en su pueblo. Al ser él el presidente de la Cámara de Comercio lo tiene fácil, así que por un dólar obtiene el permiso para realizar un festival con los hippies que tienen alquilado el granero de Jake y Sonia, los padres de Elliot.

Sin embargo, al leer en el periódico que se ha denegado el permiso a los organizadores de un festival de música, decide salir a su encuentro para ofrecerles el motel y una finca cercana para los conciertos. El responsable, Michael Lang, es un antiguo compañero de clase de Elliot, así que lo tiene todo de cara para organizar el festival. El final, lo conocemos todos: cientos de miles de personas abarrotaron Bethel, el pueblo de Elliot.

La película es muy divertida, y no sólo por encontrarnos a un Liev Schreiber travestido que hace de guardaespaldas, sino por todo lo que le rodea. Aparte de los tejemanejes de Elliot y todo lo relacionado con la ejecución del festival, la relación de Jake y Sonia con su hijo y, sobre todo, la obsesión de Sonia con el dinero es quizás lo más divertido y más triste. Ver cómo dos judíos rusos que se refugiaron en Estados Unidos se sienten fuera de lugar en una sociedad que los ve sólo como números e integrados cuando les hacen un poco de caso, no tiene precio.

Otros personajes nos muestran cómo era la juventud de la época. Billy (Emile Hirsch) se ha vuelto loco desde que volvió de Vietnam, y Kelli (Paul Dano) es un hippie que se pone hasta arriba de LSD en su furgoneta en lugar de ver algún concierto del festival.

Todos y cada uno forman un conglomerado divertido y representativo de cómo podría haber sido el festival. Sin embargo, a Ang Lee le interesa más la historia de Elliot y sus padres, y deja Woodstock de lado. Para saber cómo se desarrolló el festival tenemos un impresionante documental. Destino: Woodstock es más que eso, es una película de aventuras de una familia en una sociedad que cambia a pasos agigantados.

Nota: 7 sobre 10.

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